Ganador del XXII Concurso Literario Bretón de los Herreros en la modalidad Juvenil riojano

— Diego Fernández de Hoyos

Ganador del XXII Concurso Literario Bretón de los Herreros en la modalidad Juvenil riojano

EL MISTERIO DEL CAMINO DE SANTIGO

Me lla mo Paúl y cuando tenía 11 años mis padres junto a mi hermano Pedro de 9 años decidimos hacer el Camino de Santiago.

Recuerdo la fecha en la que emprendimos nuestro camino. Era el mes de julio de 1987. Después, de muchas horas de camino cansados y abatidos, ocurrió  un hecho que nunca más pude olvidar.  Fue en el tramo de Olmillo de Sasamón a Frómista. Serían las tres de la tarde aproximadamente cuando hicimos un alto en el camino y nos cobijamos a la sombra de un árbol a beber y descansar un rato por las altas temperaturas, ya que haría unos treinta grados.

Al cabo de un rato descansando, vimos a lo lejos que se acercaban las siluetas de cuatro caminantes, dos de ellos eran niños.

Mi hermano y yo,nos alegramos mucho ya que no nos habíamos encontrado con ningún niño en el camino.

Cuando llegaron a la altura del árbol en el que estábamos sentados,mi hermano  Pedro se levantó con gran rapidez y les preguntó:

-Hola,¿hacia dónde os dirigís?

Ellos le miraron y la madre contestó:

-Nos dirigimos a la iglesia de San Martín  de Frómista.

Mis padres al verlos se levantaron presentándose y ofreciéndoles agua y algo de comer.

Desde el primer momento,el encuentro fue agradable y ameno.

Mi primera  impresión,fue que me fije en uno de los niños bastante extrañado, ya que no estaba polvoriento como su familia y sus zapatos estaban relucientes. Además aprecie que estaba algo pálido.

Más tarde, enseguida mi hermano y yo nos acercamos a ellos,Pedro con gran soltura le pregunto al más pequeño:

-¿Cómo te llamas?

Y él contesto:

-Me llamo lván, ¿y vosotros?

-Pues mi nombre  es Pedro y el que está a mi lado es mihermano Paúl. Mí hermano seguidamente le pregunto su edad:

-¿Cuántos años tienes? Pues tengo 9 años.

Mí hermano exclamó:

-iAnda, pero si tenemos la misma edad !

En ese instante, ellos se miraron a los ojos con gran complicidad y empezaron a jugar y correr uno detrás del otro.

Sin embargo,yo me quedé solo junto al otro chico y le pregunté cómo se llamaba y su edad,y él me contesto:

-Me llamo Francisco y tengo 11años.

-¡Pues qué casualidad,también nosotros tenemos la misma edadJ Por cierto,mi nombre es Paúl.

Enseguida congeniamos y empezamos a hablar entre nosotros,mientras nos alejábamos  acia una arboleda que había junto a un riachuelo.

Nuestras familias también eotraron en conversación,dándose a conocer.

Descubrí que Francisco y yo teníamos muchas cosas en común sobre todo éramos bastante afines.

Le pregunté de dónde procedía y él me respondió:

-Vengo de un pueblo de Asturias muy bonito  con mar que se llama Llanes. Yo le contesté:

-Nosotros venimos de un pueblo de la Rioja llamado Santo Domingo de la Calzada.

Transcurrió el tiempo entre juegos y risas, sin apenas darnos cuenta. Élme miró haciéndome sabér lo agradable y contento que estaba alhaberme conocido. Y seguidamente, me comentó que estaba ilusionado al hacer elcamino con su familia, porque había estado enfermo durante un largo año en un hospital.  Entonces sus padres le prometieron que cuando se recuperase de su enfermedad, irían todos a Santiago de Compostela a rezar y dar gracias.

Al oírle,-me quedé fascinado con su historia  y entendí porque su piel era tan blanca, ya que había luchado mucho por recuperarse de su-enfermedad. Y espontáneamente le di un gran abrazo. De repente,escuché a mis padres que me llamaban para despedirme de ellos,y en ese instanl:e Francisco me regaló una gran-sonrisa transmitiéndome paz.

los dos nos d¡rigimos hacia nuestras familias para concluir la despedida. En ella,se habló que ellos pasarían la noche e el albergue de Frótnista. Sin embargo, nosotros les hicimos saber que pasaríamos la noche por esta zona. Ya que la temperatura de la tarde era indicador de que haría una buena noche para dormir al aire libre. No obstante les comentamos que al amanecer nuestra intención seria dirigirnos a San Martín de Frómista. Ellos se pusieron contentos al saber que volveríamos a encontrarnos. Dicho esto, pusimos hora a nuestro encuentro que seriá a las dos y media, así que la despedida no fue tan triste sino al contrario.

Francisco,lván,Pedro y yo estábamos tan iluSionados de que nos volverlainos a ver. Y seguidamente, ambas familias nos despedimos con fuertes abrazos.

Al cabo de unos segundos,vimos como se alejaban las siluetas de cuatro caminantes, dos de ellos niños, lván y francisco nuestros nuevos amigos.

Ci.tando desaparecieron,nosotros buscamos un lugar adecuado para poder acampar y hacer los preparativos correspondientes para el día siguiente junto a la cena.

Mientras cenábamos los deliciosos bocadillos de jamón untados con tomate que había preparado nuestro padre y acompañado de- un buen queso castellano de oveja de la zona,empezamos  a charlar de lo- bien que lo habíamos pasadO en compañía de aquella familia.

Cuando decidimos acostarnos,nos dirigimos con los satos de dormir hacia una gran roca para protegernos delfrío.Decidí poner mi saco junto al de mi hermano,cabeza con cabeza ara pOder charlar hasta quedarno$ dormidos,y en Unos instantes con la intensidad de lo vivido quedarnos abatidos en un largo sueño.

Al amanecer,con el trinar de los pájaros y elsonido que producía el viento contra las -hojas de los árboles.En ese mom ento comenzamos a despertarnos. A nuestro lado, estaban nuestros padres calentándonos el desayuno,junto a un·pequeño fuego que habían hecho entre dos piedras. Al acercamos a ellos,les dimos un beso de buenos días y desayunamos todos juntos,uh vaso de leche acompaiiado de un pan de leña del día anterior.

Mihermano y yo,después de desayunar estuvimos jugando con gra¡n intensidad mientras nuestros padres recogían y organizaban las mochilas.Acto seguido, escuchamos a mi madre qunos llamaba para ql,le recogiéramos las mochilas  para así seguir con nuestro camino.Rápidamente obedeciendo a nuestra madre cargamos nuestras mochilas a la espalda, y mis padres las suyas.Juntos comenzamos a caminar hacia San Matín de Fróniista con paso ligero y firme.

Este tramo desde el principio,emP,_ezamos a vivirlo con la ilusiónde un encuentro esperado,ya que volveríamos a ver a Francisco,lván y sus padres. Aunque elcamino fue duro y largo,alcanzando grandes tenweraturas almediodía,conseguimos llegar más o menos alrededor de las dos,después de siete horas de camino llegamos a nuestro destino,ya que_ comenzamos nuestro caminar a las siete de la mañana.

Mi padre nos acercó para mostrarnos la apariencia exterior de la iglesia.Luego nos explicó que pertenecía1 periodo románico,que estaba formado por tres naves,con bóveda de cañón que terminan en tres ábsides circulares,ventanales de medio punto, pequeños canecillos con figuras similares a gárgolas.Estas nos llamaron mucho la atención,cuando escuchamos a mipadre decir que representaban animales,seres humanos y seres mitológicos o fantásticos.

Al cabo de un rato,nuestro padre terminó de explicamos las características de la iglesia y mi hermano y yo nos quedamos fascinados de las cosas tan intefesantes que habíamos aprendido.

Cuando decidimos entrar vimos sentado alfondo de la iglesia a lván junto a sus padres· y nuestros corazones se aceleraron de emoción por elencuentro. Seguidamente,nos acercamos sentándonos jUnto_a ellos en silencio.Eñ la iglesia había más gente,así que decidimos sa”tudarles a la salida. ‘

Nó Obstante estuve buscando con r’ni mirada a Francisco entre la ge.nte,ya que no.se hallaba sentado juntoa sus padres,llamándome mucho la atención.

-Cuando decidimos salir de la iglesia nos saludamos con efusivos abrazos y besos, de ese esperado encuentro.

Altranscurrir el tiempo noté que Francisco no aparecía y nadie le echaba en falta.

Sorprendido de la situación,me acerqué al oído de lván y le susurre:

-lván,¿sabes dónde está Francisco?

lván,aloírme,se echó a- correr hacia su madre sin contestarme,extrañándome su re cción.

Étal hablar con su madre,los dos clavaron sus l’niradas en mí. No pasarían dos minutos,cuando se acercaron a su-padre y-volvieron-a mirarme.

Yo no entendí esas miradas y al momento,ellos se acercaron a mí.

La madre con voz entrecort¡3da me preguntó:

-Paúl,¿por qué Francisco preguntas?

-Pues por tu hijo Francisco.

En ese momento,sus ojos se llenaron de lágrimas, inundando sus mejillas alinstante. Alverla así le pregunté:

¿Qué sucede,por qué_lloras?

Y ella me respondió:

-Ese niño por elque preguntas Paúl,es mi hijo Francisco qUe falleció en el22 de junio, hace un año por una grave enfe-n:n ad con una larga hospitalización.

Y rápidamente respondí:

-No puede ser,ayer estuve jugando con él,cuando nos encontramos con vosotros en elcamino.

Cuando mi familia escuchó aquella conversación se quedaron atónitos,ya que ellos no habían visto a ningún niño llam;;.do Francisco.

La madre no sabía explicar lo sucedido,pero les hizo saber que yo no mentía y que un extraño heC:ho había ocurrido con Francisco. Y por algúrí motivo élme había elegido a mi.

Al escuchar todo esto micabeza recordó la palidez de su rostro,su ropa no polvorienta y aquellos zapatos relucientes.Todas estos recuerdos me entristecieron y a suvez alegría delhabeile conocido de aquella manera tan extraña.

Su madre nos explicó a todos que cuando Francisco estuvo en elhospital,le prometieron que cuando saliese harían juntos elCamino de Santiago.Pero el destino

hizo que Francisco que era un niño fantástico,cariñoso y alegre falleciese,no pudiendo hacer elcamino.

La madre siente,que su hijo de alguna manera ha decidido acOmpañamos en el camino aunque ya no estuvlefa entre nosotros.

Alescuchar,todos estos sentimientos nuestras familias se fundieron en un abrazo y nos echamos a llorar.

Han pasado los años y nunca he podido olvidar lo que pasó con mi amigo Francisco.

Tengo 39 años,nunca he dejado de hacer elcamino y esto que he escrito,lo hago bajo la sombra delárbol, en el cualconocí a Francisco.

Te lo dedico Francisco,que allá donde estés algún día nos volveremos a encontrar en otro camino.

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