La fortuna es caprichosa, pero no siempre es ingrata.

“Soy más feo que Picio / y es mi mayor suplicio / gustar de la hermosura. / Si al fin por desventura / acepta alguna bella / mi amor, ¡tal será ella! / Capricornium me fecit, lo preveo. / Ay desgraciado del que nace feo”.

A UN DISFORME Y MINUCIOSO CARTEL EN QUE SE ANUNCIABA UN LIBRO MUY PEQUEÑO

¡Qué anuncio para un dozavo!
—Tres reales piden por él.
—No daré yo ni un ochavo.
—¿Por qué razón? —Porque acabo
De leerle en el cartel.

A UN MAL ACTOR, SORDO POR AÑADIDURA

Eres oprobio del arte,
Y sordo; que es lo peor.
Ni aun tiene el espectador
El consuelo de silbarte.

A UN MAL ACTOR, AL ACABARSE LA TRAGEDIA QUE REPRESENTABA

Llegó el ansiado momento
De las puñaladas fieras.
Ya se acabó mi tormento.
¡Pésimo actor, sólo siento
Que no hayas muerto de veras!

“¿Qué es la riqueza? Nada, si no se gasta; nada, si se malgasta”

“Boda quiere la soltera por gozar de libertad, y mayor cautividad con un marido la espera. ”

Dejóme el sumo Poder, Por gracia particular, Lo que habia menester: “Dos ojos para llorar y uno solo para ver”.

Voy a hablarte ingenuamente. Tu soneto, don Gonzalo, Si es el primero, es muy malo; Si es el último, excelente.


Solían confundir a un vecino de Bretón, un médico también poeta apellidado Mata (Pedro Mata Fontanet), con el famoso autor, llamando a todas horas a su puerta, de forma que se cansó y puso dos versos sobre ella que decían: En esta mi habitación / no vive ningún Bretón. Como no se llevaban bien, Bretón hizo la siguiente redondilla, que colgó de su puerta:

“Vive en esta vecindad cierto médico poeta, que al final de la receta pone Mata y es verdad.”


A OTRO MAL POETA

“Juan sus versos publicó, No tan lindos como piensa; Y al entregarlos clamó: Sude con ellos la prensa; Que más he sudado yo.”

“A la vejez, viruelas”

“Quizá cuanto más antigua, con menos fe se atestigua la pureza de una casta. ¿Quién será el santo varón que diga con juramento: veinticinco abuelos cuento y ninguno fue ladrón?”

Para pegarle una tunda con las faldas levantadas, entre todas las criadas, la mejor es la Segunda.

«Si voy al baile, me atrapa / algún ratero la capa; / llego helado a mi portal; / llamo; no me oye Pascual…,/ y me quedo a la inclemencia. / ¡Paciencia!».

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